Zatsepi Coffee es una cafetería en Moscú que diseñamos como un salón para el barrio. En la base está el modernismo arquitectónico de los años 1960-70, aunque de él no tomamos la estilística sino el funcionamiento: luz uniforme en toda la sala, ningún rincón reservado para el jefe, cristal en lugar de muros ciegos. En un espacio así no hay malos sitios. Es exactamente lo que necesita un lugar al que la gente viene a sentarse, no a pasar corriendo. Después llegó el resto de lo que componía la vida pública de aquella época: bibliotecas, salas de institutos de investigación, el cosmos, el vinilo.
El suelo lo vertimos en hormigón continuo y le incrustamos un mosaico de serpentina. La serpentina es una piedra verde con vetas; en los interiores públicos soviéticos significaba «caro» (se colocaba en el metro y en los vestíbulos de los institutos). El resultado es una base barata con una incrustación cara, y en eso, en esencia, está todo el proyecto. El mosaico lo colocamos donde la gente se sienta un buen rato. En los pasos y junto a la barra el suelo quedó liso, de modo que los pies leen la velocidad antes que la cabeza. De la piedra salió también la paleta: verde pino, con roble miel en paredes y mobiliario y terracota ladrillo en las mesas. La barra la revestimos de granito pulido.
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Las particiones las montamos con bloques de vidrio a toda altura. Dejan pasar la luz pero no la mirada: se ve que hay alguien detrás, pero no quién es ni qué hace. El cliente está entre la gente y, al mismo tiempo, nadie lo examina. Además, el bloque de vidrio cambia con la calle: azul por la mañana, naranja al atardecer, gris con la lluvia. La luz de los cajones del techo, mientras tanto, se mantiene uniforme todo el día. Los techos los dejamos abiertos y no escondimos las instalaciones.
Las zonas de este diseño de interiores de cafetería están pensadas para distintas duraciones de visita. Junto a la barra, mesas altas con sillas de acrílico ámbar: cuatro minutos con un vaso. La mesa comunal bajo la lámpara plisada está pensada para el portátil y las reuniones. A lo largo de la cortina teatral burdeos que cubre toda la pared hay mesitas redondas. La cortina cumple además otra función: es la única gran superficie blanda de la sala, es decir, absorbe el rumor. En el lounge junto a la ventana, butacas redondeadas y mesas-«plato» lacadas; al lado, una estantería con vinilos, una radiogramola vintage y butacas verdes de bouclé con patas de madera, aquellas mismas de los institutos de investigación. Aparte escondimos el «Rincón del gran maestro»: un sofá de cuero negro, una alfombra, un ajedrez. Un lugar para aislarse sin salir de la sala.
Rusia, Moscú
Superficie: 101 m2
Año: 2026
Diseño de interiores: Konstantin Ostroukhov, Artem Rechitsky, Artem Petrov
Fotografía: Roman Alekseev



